Disciplinas relacionadas
Como toda ciencia, la arqueología y su rama bíblica tienen sus propias especializaciones así como su trabajo interdisciplinario. Ya se mencionó que la arqueología debe servirse y trabajar en equipo con disciplinas como la antropología, la geología y otras ciencias que permiten darse una idea del mundo antiguo. Otras disciplinas como la filosofía, la teología, la exégesis, la hermenéutica, se sirven de los resultados científicos de esta. Por ejemplo, la Biblia utiliza un lenguaje recurrente simbólico que puede hacer pensar que cuanto allí se menciona puede partenecer al plano estrictamente teológico y por lo tanto no necesariamente verificable. Sin embargo, gracias a la arqueología, muchos pasajes bíblicos han hallado una explicación más concreta, sin que por ello se quiera decir que la relación arqueología-estudios bíblicos sea pacífica o imprencindible. Hoy, y gracias a esta disciplina, se sabe por ejemplo que los muros de Jericó[34] mencionados en el Libro de Josué y cuyas ruinas han sido excavadas, pueden datarse en un tiempo que coincide con la inmigración israelita en la Tierra Prometida.
Papiro
El Papiro de Turín, fragmentos de un antiguo mapa de Egipto. Los papiros son los documentos tangibles más antiguos que tenemos y las más importantes pruebas de la antigüedad y originalidad de un texto.
La papirología tiene una relación especial con la arqueología en general y es una de las más autorizadas en el terreno bíblico. Gracias a los papirólogos y su paciente labor de búsqueda, reconstrucción e investigación, ha sido posible determinar la datación de numerosos documentos antiguos y la originalidad o no de sus autores. Muchos de los libros bíblicos que se publican en la actualidad en modernas imprentas o medios digitales, fueron escritos inicialmente sobre hojas de papiro.
El Papiro de Turín, fragmentos de un antiguo mapa de Egipto. Los papiros son los documentos tangibles más antiguos que tenemos y las más importantes pruebas de la antigüedad y originalidad de un texto.
La papirología tiene una relación especial con la arqueología en general y es una de las más autorizadas en el terreno bíblico. Gracias a los papirólogos y su paciente labor de búsqueda, reconstrucción e investigación, ha sido posible determinar la datación de numerosos documentos antiguos y la originalidad o no de sus autores. Muchos de los libros bíblicos que se publican en la actualidad en modernas imprentas o medios digitales, fueron escritos inicialmente sobre hojas de papiro.
Obviamente, la gran mayoría de esos originales se perdió y sólo quedan copias de copias. Qumrán se convirtió en la principal fuente de papiros sobre los libros bíblicos canónicos y apócrifos (un total de 800 documentos estaban guardados en el interior de jarras de arcilla, 98 % de ellos referentes a temas religiosos como libros bíblicos, reglas de la comunidad de los esenios y sólo un papiro es, posiblemente, del Nuevo Testamento: 7Q5.
Otros lugares que han contribuido a proveer papiros antiguos son los siguientes:
Las genitzas de antiguas sinagogas: La genitza es un espacio en donde se guardan libros viejos que ya no se utilizan en la comunidad, pero que no quieren tirarse por respeto a su contenido. Esta tradición de respeto por el material escrito sagrado ha permitido que documentos sean conservados por siglos en dichos lugares.
Los monasterios: De la misma manera, los antiguos monasterios han sido una fuente valiosa para la conservación de material escrito.
Los papiros son normalmente identificados por el nombre del arqueólogo que lo encontró, que lo identificó, el sitio, o numeraciones convenidas por la comunidad cietífica de la especialidad. Entre los papiros bíblicos más célebres tenemos el Rylands que corresponde a un texto de Juan 18, 31-33 y 37 y 38, encontrado en Egipto, y datado en el año 125. El papiro Bodmer contiene fragmentos de Lucas y Juan. El papiro Chester Beatty, encontrado en Egipto, contiene textos de la Tanaj en griego y está datado entre el siglo II y el siglo IV.
Ostracon que contiene el nombre de Thémistocle, hacia 490-480 adC. Museo del Ágora antigua de Atenas
De igual importancia para la arqueología es el ostracon, una forma muy popular en la antigüedad y alternativa a la escritura en papiro y en pergamino. Si bien tanto el pergamino como el papiro resultaban costosos (por ejemplo la planta del papiro crece en el delta del Nilo), la cerámica en cambio era de más fácil acceso, sobre todo en lo que tenía que ver con pinturas que dan una idea de la cultura y la antropología de los antiguos.
Otro material buscado y apreciado por los arqueólogos es el pergamino, hecho a partir de la piel de animales, especialmente aquellos domésticos. Fue en Pérgamo donde esta técnica tuvo un gran florecimiento, y de ahí proviene su nombre, pero el origen del pergamino se remonta al 1500 adC. Al igual que sucedía con el papiro, el pergamino era un material caro, que quedaba restringido a quien tenía la capacidad de comprarlo.
